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Las participantes del conversatorio
El pasado 17 de marzo, presentamos los principales hallazgos de Silencios Digitales, el primer relevamiento nacional sobre violencia digital de género en Argentina, desarrollado desde DataGénero en alianza con Mumalá. A partir de una encuesta online realizada en todo el país entre agosto y noviembre de 2025, el estudio busca visibilizar una problemática que con frecuencia permanece invisibilizada y carece de un marco colectivo de respuesta.
La presentación se realizó en un encuentro virtual: una conversación con periodistas y expertas para reflexionar sobre cómo se manifiestan estas violencias hoy y qué estrategias colectivas pueden impulsarse para visibilizarlas, enfrentarlas y exigir mayores responsabilidades a las plataformas y a los Estados.
Junto a Mailén García —cofundadora y directora general de DataGénero, y coordinadora general de la investigación Silencios Digitales— participaron de la conversación: Ana Correa, abogada y comunicadora feminista, coordinadora del Posgrado sobre Violencia de Género en Entornos Digitales: Prevención, Combate y Respuestas desde el Derecho, en la Facultad de Derecho de la UBA; Marina Abiuso, periodista especializada en género, activista y defensora de derechos humanos, coordinadora del espacio Punto de Encuentro de Amnistía Internacional Argentina; y Victoria Aguirre, abogada especialista en políticas públicas, coordinadora de Mumalá CABA y vocera del Observatorio de Mumalá.
Uno de los hallazgos centrales de Silencios Digitales es la brecha en el reconocimiento de la violencia: muchas personas no identifican inicialmente como tal lo que viven. Ante la pregunta directa “¿Considerás haber vivido una situación de violencia digital de género?”, el 23% respondió afirmativamente; sin embargo, cuando se indagó por situaciones concretas, ese número trepó al 40%, que señaló haber atravesado al menos una situación de este tipo en los últimos dos años.
Otro dato relevante refiere al tiempo de exposición: a mayor cantidad de horas en internet, mayor es la probabilidad de experimentar violencia digital, con un pico del 49% entre quienes pasan entre 5 y 6 horas conectadas. El principal motivo de uso de redes sociales es el ocio (80,7%), seguido por la conexión con amigues y familia (59,1%) y, en tercer lugar, el activismo o causas sociales (48,2%). La paradoja es elocuente: las personas se conectan en busca de entretenimiento y encuentran violencia.
Las voces públicas y activistas son las más expuestas: el 47% afirma haber vivido violencia digital. Esto pone de manifiesto que, en internet, la violencia también opera como mecanismo de disciplinamiento y silenciamiento. Por otra parte, la encuesta también registra una mayor violencia digital contra personas trans, travestis y no binarias (69%) y contra quienes se identifican como parte del colectivo LGB (56%).
En cuanto a los efectos en la salud, las respuestas cualitativas destacan impactos emocionales como angustia, miedo y ansiedad, que en casos graves derivaron en la necesidad de tratamiento psicológico o psiquiátrico. A esto se suman dos fenómenos estrechamente vinculados: la autocensura y el repliegue de las redes.
De hecho la autocensura emerge como una práctica extendida: el 76% de las personas encuestadas no se siente libre de publicar lo que quiere en redes sociales. Una cifra que resulta especialmente significativa si se considera que estos espacios son utilizados mayoritariamente con fines recreativos y de sociabilidad.
Victoria Aguirre, como parte del trabajo territorial y de acompañamiento que realizan desde Mumalá, destacó que la violencia digital de género -como toda violencia- atraviesa corporal y emocionalmente a las personas, y no se apaga al cerrar la computadora: “Lo que pasa en las redes no queda solamente en las redes”, afirmó.
Para la activista, nada de esto es casualidad: “Hay una intención de callar nuestras voces, no es inocente que el activismo sea el que pierda la voz”. Por eso, en relación a Silencios Digitales, sostuvo que “es importante poder visibilizar con datos esta realidad que contamos todos los días, pero que sin embargo pareciera que no sucede”.
Marina Abiuso subrayó que toda la evidencia generada por la investigación confirma que estamos ante un problema global: “Hoy tenemos conciencia de que hay un problema y de que es un problema colectivo”. La periodista, que ha vivido situaciones de violencia digital en primera persona, fue contundente: “Sufrir violencia digital no es un pueblo del que una se pueda ir. Aunque nos vayamos del espacio digital, una sigue ahí. Si la reputación online de una persona está atravesada por una situación de violencia digital, es ridículo pensar que no te va a afectar”.
Abiuso recurrió también a la imagen del megáfono y el biombo para explicar cómo los algoritmos median nuestras vidas, amplificando algunas voces mientras silencian otras: “No puede considerarse inocente a las plataformas si tienen el poder de ponerle un biombo a un discurso y un megáfono a otros”, sentenció.
Ana Correa, por su parte, trazó un paralelo con la lucha de principios del siglo XX y afirmó que las mujeres de hoy somos “las sufragistas digitales”. Con esa metáfora, la abogada describe el combate actual por ocupar el debate público sin ser expulsadas por el odio y la impunidad. Como ejemplo, señaló que hoy es frecuente en X —antes Twitter— que se interpele a las feministas con la pregunta de por qué no opinan sobre tal o cual tema, cuando la respuesta es que muchas se fueron o fueron expulsadas de esa plataforma. “Ya tenemos los estudios, tenemos que pasar a la acción”, concluyó.
Las panelistas y el informe coinciden en un punto central: la solución no puede recaer sobre las usuarias ni limitarse a cambios de hábitos individuales. Requiere, en cambio, que el Estado y las plataformas asuman su responsabilidad en el rediseño de espacios seguros.
El conversatorio concluyó con una hoja de ruta clara: tras obtener estos datos, el desafío es pasar a la incidencia política, el litigio estratégico y la presión colectiva transnacional. La violencia digital es, hoy, una barrera real para la participación ciudadana y el desarrollo económico de las mujeres.
Conocé más sobre el proyecto y accedé el informe completo en datagenero.org/silenciosdigitales.
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